Viernes, 30 de junio de 2006

Se acabó la mentira


Ahora me pregunto qué van a hacer con las miles de bufandas, gorritos, remeras, prendedores, pelotas, etc. etc.
Después de un reconfortante mes de vacaciones en San Martín de los Andes (ya postearé algo al respecto) volví a Buenos Aires y me encontré con el maldito mundial. No pude durante estas semanas ir a un barcito a leer un libro, o a escribir, o a pensar, o simplemente a disfrutar un café: en todos había puro grito y más grito. Pero gracias a la patria de Mann, Schiller, Goethe, Kant, Hegel, Nietzche, Brecht, Benjamin, Grass, Hesse, Rilke y tantos otros se terminó la mentira.
Ahora no queda otra que enfrentarse con la dura realidad de lo que somos. Sobre todo los infelices de mis vecinos volverán a su estado habitual. Lo siento. Das ist alle Leute.

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Viernes, 05 de mayo de 2006

Deseo y decepción


En un comentario de hace unos días mencionaba que en el mismo lugar donde habían aparecido los alegres pechos de mi vecina anterior aparecieron ahora unos nuevos. Muuucho más grandes esta vez y sorprendentemente firmes.
La cosa fue así. Yo estaba acostado en el sillón del living, con todas las luces apagadas, probando una de esas luces de lectura para viaje. (Ejem, quienes me conocen saben de mi afición a los "gadgets"). En eso, encienden la luz del departamento de abajo y -en fin- no puedo evitar asomarme a ver de qué se trataba. Veo que hay una mujer de perfil sentada a la mesa, de repente aparece otra semidesnuda que da vueltas, habla por celular, toma un mate (todo en gomas y enfrente de la otra). Yo, mientras trataba de entender qué pasaba, salí corriendo a buscar la cámara y -como se imaginarán, a oscuras- me tropecé con todo lo que pude encontrar en el camino. Finalmente, vuelvo a la ventana y disparo una foto. Claro, si uno quiere que una foto salga de noche y bien, sacando a través de una ventana, etc. hay que hacerle algunos ajustes a la cámara. Para empezar ¡deshabilitar el flash! (¡¡pelotudo!!), pero era tarde y cuando empezó a dispararse ese maldito flash titilante de "ojos rojos" tuve que tirarme en clavado sobre el sillón para que no me descubrieran. Igual creo que deben haber visto el reflejo. Sin embargo, un tropezón no es caída y al ratito me animé a asomarme de nuevo y a sacar esta foto (que, la verdad, se ve como el culo de lo lejos que me puse para que no me vieran).

Lo que vi fue que la mina que se paseaba en tetas estaba amamantando a un bebé. Me cacho: las fantasías de "la nudista paseandera" cayeron estrepitosamente.

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Jueves, 04 de mayo de 2006

Tiyerts


Una amabilísima lectora, Valeria (que no es la Vale que ha dejado comentarios con su amiga Marie), nos ha enviado un dato por demás interesante: la gente de Rescatate ha tenido la buena idea de hacer remeras con unos mantras tibetanos lindísimos. En la foto, uno representativo de algo que sospechamos desde hace mucho en este blog.
Recomendamos sentarse derecho en la posición de kekka-fuza (loto completo) y colocar los brazos sobre las piernas con las palmas hacia arriba y luego poner la mano izquierda sobre la derecha y hacer que los pulgares se toquen entre sí (el que se perdió que mire algún programa de cable y se fija). Ya en esa posición respiramos hondo y repetimos:
"misvecinossonunamierdamisvecinossonunamierdamisvecinossonunamierdamisvecinos sonunamierdamisvecinossonunamierdamisvecinossonunamierdamisvecinossonunamier damisvecinossonunamierdamisvecinosmisvecinossonunamierdamisvecinossonuna mierdaaaaaaaaaaaaaaaaooooooooommmmmm". Y terminamos. El ejercicio se puede hacer desnudo o con la remera puesta. ¡Om Shanti!

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Viernes, 28 de abril de 2006

17


Casi había perdido el interés, es cierto, pero justo cuando salía con una voraz intención de boludeo de viernes a la tarde. Lo veo al viejo de enfrente que rumbea para la plaza donde lo había visto la vez pasada.
Iba casi uniformado con un pantalón gris de gabardina, unas zapatillas blancas, una campera azul y el bolso de agencia de viajes cruzado en el pecho. Caminaba lentamente y paraba para hablar con todo el mundo. Yo me mantenía a una distancia prudencial, pero casi sin saber qué hacer. Cuando el tipo saludaba a una vieja con bolsas de compra, yo miraba algo en una vidriera; cuando él paraba e intentaba acariciar a un perro callejero, yo disimulaba marcando algo en el celular, y así. Para cuando el viejo llegó a la bocacalle, antes de cruzar hacia la plaza, nos separaban unos cincuenta metros. Parece mentira pero él cruza sin problemas y encara la plaza en diagonal, pero cuando llego a la esquina me agarra el semáforo y me tiene un minuto viendo pasar autos que salían del centro. Crucé la calle y empecé a atravesar la plaza en diagonal, pero nada. El viejo ya no estaba. Y nadie me venga con que es un fantasma. Me cago.

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Jueves, 27 de abril de 2006

Caminito, caminito ¿quién es la vecina más... más...?


Me topé con un viejo refrán: "lleva siempre tu camino y no mires nunca el de tu vecino", y no aguanté más.
¡Por fin, viejo!: alguien que dice algo coherente. Basta de reclamar fraternidad y solidaridad con los vecinos. No quiero una tacita de azúcar (me cuido), ni un poco de yerba (no tomo mate). Basta de copiar y hacer lo que el otro hace (bueno, jamás reproduciría las conductas de los psico que viven en la puerta contigua). Esta semana bastó que una vieja del edificio me viera corriendo de noche en Madero para que juntara cabezas y corriera la pólvora de la "imaginación". Hoy aparecieron tres gordas maquilladas con sus equipos de gimnasia rosados haciendo esa ridícula especie de footing en la que mueven los brazos espasmódicamente. Basta de mirar qué hacen los demás. Hace algo más de un mes, me acuerdo, uno cambió el pomo de la puerta de su departamento: puso uno doradito y bien mersa. A los tres días apareció otro igualito. Ahora, si la reventada de al lado se compra una crema de baba de caracol en Sprayette, digo gracias, puedo vivir sin eso.

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Jueves, 20 de abril de 2006

Nuevos vecinos

Un comentario atrasado pero fundamental


Hace ya una semana, creo, que miré por la ventana y vi que no estaba más el toldo en el departamento de abajo. Ya poco importaba teniendo en cuenta que mi vecinita se había mudado.
Ahora el techo era de vidrio, moderno y prolijísimo. La verdad es que mejoraba la vista, sin embargo, temblaba al pensar en quién podría venir.


Finalmente, luego de unos días: mudanza. Ruidos, movimientos, voces, gritos, lo de siempre. Y esa noche, fiesta. Por suerte, fui con unos amigos a ver la última de Woody Allen y me privé del espectáculo.

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Miércoles, 19 de abril de 2006

¿Y a mí quién me salva?


Hay gente para todo: eso ya lo sabemos. Hay gente que le gusta Nelson "El hombre rata" y les parece que baila bien. Otros venden loros enfrente del santuario de Gilda y, algunos menos, vieron "Vidas Privadas" y les gustó. Pobrecitos.
Ahora, este del cartel tiene algo especial. Es especial... mente boludo. Qué clase de tipo puede usar una remera que diga "Jesus Saves" y además portar un cartel de ese tenor.
Ahora, es graciosísimo ver a todos los tipos a los que odia este fulano. Si se toman el trabajo de buscarse seguro se van a encontrar. Yo me sentí particularmente incluído en lo de "People who hates good neighbors".
En fin.

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Miércoles, 12 de abril de 2006

El hombre de hoy es el padre del mono del año dos mil


De pasada por el sitio de las confidencias me encontré con lo siguiente: "¡Me encanta revisarle la bolsa de la basura a los vecinos! No es que sea cartonero, ni nada, pero hay de todo, es muy divertido, agarrar la bolsa tipo "Misión Imposible" sin que te vean y luego dejarlas antes de que pase el basurero!"
Según decía ahí es un boludón de unos veinticinco años, creo.
Este sí: ¡pobrecito!

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Martes, 11 de abril de 2006

Elogio de la culpa

Cuando tuve el incidente con el perro, aunque debería decir el incidente con la policía (bah: el incidente con nadie, en realidad), estuve toda esa semana intentando cruzarme al viejo oloroso (sí, efectivamente) para putearlo como se debe. Pero, nada. Después, con el viaje a Tandil, la verdad, se me pasó la calentura.
Hace un par de días, el portero suplente (ésa es otra nueva) me contó que el viejo estuvo internado, parece que grave. Tiene, según me dijo, un problema en la pierna y probablemente se la tengan que amputar.
Parece que le había dejado el perro al sereno de un estacionamiento que está enfrente. El perro, claro, se le escapaba y, cuando alguien le abría la puerta del edificio, se metía, subía hasta la puerta del departamento y se ponía a ladrar para que le abran. Mientras escribía esto no pude evitar decir: pobrecito. Me cago, me estoy ablandando.

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Miércoles, 29 de marzo de 2006

Buenos Aires, finalmente


Después de tantos días de viaje volver a Buenos Aires fue un alivio. Estaba necesitando el ruido, la gente, el smog en los pulmones. Pero, mucho más aún, el cine, el teatro, las salidas, los museos, mis paseos por el canal y los cafecitos al atardecer. Pero, como todos sabemos, no todo son rosas. También están mis vecinos. Y anoche cuando llegué me "recibieron" con una reunón de consorcio en el hall del edificio. Todos gritando, vociferando. Debe ser uno de los peores espectáculos que he presenciado (nunca fui a la cancha: eso debe ser peor). Tuve que cruzar en medio de todos mientras me miraban como preguntándose por qué no estaba presente, o de dónde venía.
Me costó muchísimo pero no hice contacto visual. Buenos Aires, finalmente. Lamentablemente, también.

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Sábado, 25 de marzo de 2006

El regalo que no fue

Termino con la historia del cementerio.



Una vez que "los de enfrente" (es raro llamarlos así, ahora que todos estamos fuera de nuestro lugar de referencia mutua) salieron de la administración caminaron por la calle principal del cementerio.
Yo estaba excitado como un chico a pesar de la tremenda boludez que significaba estar siguiendo a mis vecinos por un cementerio de una ciudad a 400 km de mi departamento. Caminaba detrás de ellos a unos cincuenta o sesenta metros y mientras paseaba, sacaba fotos.
En un momento pararon, como dudando, y luego empezaron a caminar por una callecita angosta entre las lápidas.

Estuvieron un rato parados frente a una tumba -sobre todo los padres- ya que la jovata iba y venía, nerviosa.
Justo antes de irse los dos viejos sacaron de una bolsa un paquete que no alcancé a ver en detalle. Era un bulto blanco, redondeado. Lo apoyaron sobre la tumba y empezaron a caminar abrazados. Yo, mientras tanto, no podía creer que los vecinos tuvieran sentimientos y preparaba la cámara para registrar el paquete.
De repente veo que la hija, que estaba caminando por ahí, vuelve a la tumba de la que los padres ya se habían ido y -chequeando que no la vieran- se guardó el paquete blanco en la mochila. Giró sin siquiera mirar la tumba y se fue. Evidententemente, en todas partes se cuecen habas.

Me quedé un rato caminando por ahí pensando en lo que había visto. ¿Por qué se habría llevado algo que sus padres querían dejar? ¿Qué contendría el paquete? Seguramente, pensé, nunca voy a enterarme.

Se me había pasado por completo la excitación. Es más, hasta estaba algo melancólico. Levanté la vista y vi los ángeles que están más abajo. Les saqué un par de fotos y creí que ya estaba bien con lo pensativo. Al fin y al cabo a mí qué me importaba.

Busqué en la mochila uno de esos paquetitos de Oreo bañadas en chocolate y me senté a comerlas en un banco.











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Viernes, 24 de marzo de 2006

La canción es casi la misma

Anotación de la mañana del 24


Anoche mientras posteaba en un cybercafé la anotación sobre el aniversario del golpe pensaba en la complicidad de unos y en la indiferencia de otros. Sentía -mientras miraba cómo al lado mío chicas y chicos, parejas, amigos chateban con otros en alguna parte de la ciudad- que en esa despreocupación había indiferencia y olvido. Cierta levedad.
Esta mañana, cuando salí del hotel, caminé un rato por la plaza que ven en la foto y en un momento recordé la frase con la que Borges comienza "El Aleph": "La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita". Ese parque perfecto y lleno de vida me fascinó y percibí por un segundo esa idea de que todo está permanentemente cambiando, creciendo, y dejando atrás cosas. Paradójicamente, en ese momento me di cuenta de mi "atraso".
Sentí que atrasaba respecto de los chicos que había visto en el cyber. ¿Qué hacía yo -grave, circunspecto- recordando enojado el pasado en lugar de estar feliz o riéndome como el resto? ¿Por qué no estaba en un bar conociendo a la mujer de mi vida o, simplemente, disfrutando? Fue una buena pregunta porque enseguida me enojé por pensar contra mí mismo. Yo no voy a estar festejando un día así. Me acordé de repente de los que dicen con severidad "no se celebra, se recuerda". Y casi me autoconvenzo con lo del "yo no voy a...", pero en el momento justo me acordé de cómo seguía Borges: "Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad...". ¡Claro, era eso!: melancolía y vanidad. Es gracioso porque recurrí a la RAE y decía que la vanidad es la "caducidad de las cosas de este mundo", algo inútil, vano e insustancial y una "vana representación, ilusión o ficción de la fantasía".
Las palabras armaron solas el rompecabezas. La cuestión no reside en conservar una memoria romántica, caduca y aleccionadora (estática, en blanco y negro, presuntuosa y hasta irreal), sino en vivir asertiva y felizmente (probablemente en celebrar la recuperación de la democracia y no su pérdida), sin lecciones ni recetas, ser dinámico, inquieto, en colores.
Traté de buscar algunas imágenes que ilustaran eso: energía, deseo, irreverencia, despliegue, inquietud. En flickr encontré esta y esta otra, además de las que siguen.

Ahogarse en la propia indignación, en la bronca y la puteada es lo contrario de divertirse, de jugar, de enamorarse.



Atrasar es lo contrario de estar adelantado, viendo qué pasa, qué hay. De dormir en un aeropuerto los sueños de seguir viajando.



Todo eso que el golpe intentó impedir (belleza, inquietud, deseo, libertad, realización, desparpajo) es justamente lo que los chicos y chicas del cyber habían logrado, haciéndole pitocatalán a la seriedad de los milicos, pero también mi anterior idea de memoria.

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Viernes, 24 de marzo de 2006

La canción es (casi) la misma

Anotación en la noche del 23 y madrugada del 24.

Hoy se cumplen 30 años del golpe de estado que abrió una de las etapas más sangrientas y criminales de la historia argentina y que contó con la complicidad de la Iglesia Católica, del establishment y de buena parte de la ciudadanía.
El genocidio perpetrado por la junta militar que gobernó el país de 1976 a 1983 incluyó el secuestro, tortura y desaparición de 30 mil personas; generó un plan sistemático de apropiación de menores (se calcula que más de 500) e implantó por el terror un modelo económico de exclusión que multiplicó astronómicamente la deuda externa y el hambre del pueblo. Una banda de ratas inmundas que usurpó el país.


Quise recordarlo con un solo caso, el del fotógrafó Ariel Adrián Ferrari, hijo del mundialmente famoso artista plástico León Ferrari.
En febrero 1977, la Armada desplegó un operativo de secuestro comandado por Astiz. Ariel se resistió y habría sido asesinado por el propio Astiz. Nunca se encontró su cuerpo y hasta hoy permanece desaparecido. Más info acá.
Su padre, León, ha dicho de él: “me he sentido y me siento orgulloso de mi hijo. Muchas veces se reunían en mi casa. Mi casa siempre estaba llena de chicas y muchachos que luchaban por mejorar o cambiar un sistema que se manifestó impiadoso con los desposeídos”.
Hace muy poco tiempo sectores vinculados a la iglesia censuraron la muestra de León Ferrari en el Centro Cultural (municipal) Recoleta. Una verguenza, realmente. Como sociedad no hemos aprendido nada en tantos años. La canción sigue siendo (casi) la misma.




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Viernes, 24 de marzo de 2006

Espero que los opuestos no se atraigan

El segundo día desayuné bien temprano en el hotel, me volví a la cama y dormí una horita más (es una gloria no tener ningún ruido de caños, ladrido de perros, etc.). Después salí a dar una vuelta a buscar algún lugar lindo para desayunar nuevamente (¿qué puede hacer uno a las 10 de la mañana en plan de ocio?). Supuse que me iba a tener que esmerar para cruzarme otra vez al viejo, sin embargo, tuve la ¿suerte? de verlo del bracete con la hija. Caminaba por la vereda de enfrente al bar.



Pensé que iba a tener que pagar y salir detrás de él, pero no hizo falta: entró en un hotel que estaba justo enfrente al bar. Primero pensé que había sido una coincidencia increíble y, enseguida, me di cuenta de que no hay tantos hoteles en el centro de la ciudad.

Lo interesante es que los hoteles (el mío y el de ellos) están exactamente a cien metros pero en direcciones opuestas, como es debido.

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Jueves, 23 de marzo de 2006

Lo prometido


Antes que nada, a las personas que preguntaron por email si me había quedado encerrado adentro del cementerio, y por eso no posteaba, les cuento que ese no fue el problema sino que los extraterrestres que me secuestraron en Tandil me dejaron en el Uritorco y tuve que volverme en micro.

Bueno, en fin. La historia del viaje a Tandil más o menos la conocen: los viejos de enfrente con su hija cuarentona se venían para acá + yo tenía que venir para ver si ubicaba la casa de unos parientes que vivieron aquí hace años.

Los problemas de vagancia y tecnología me retrasaron un poco pero fui registrando casi todo e irá apareciendo lo antes posible.

El primer día -como siempre- es el más excitante. Recorrer un poco, perderse, encontrar lo que nos parece un "lugarcito" interesante (aunque después termine siendo un bodrio), mirar todo por primera vez.
Lo que más disfruto de los viajes es buscar alojamiento: ir viendo los lugares y sopesar tranquilo la comodidad, la privacidad, la cercanía de los lugares que nos interesan y, sobre todo, la vista. Acá encontré un hotelito sencillo y cómodo. La habitación estaba en un primer piso y justo en la esquina, con unas ventanas muy lindas que daban a las dos calles. Así que le dije al conserje que me quedaba y valió la pena.

Esa misma tarde estaba paseando por un lugar al que le llaman "La curva de la muerte" (pensé que era algo turístico y es una curva de una ruta como hay tantas) y justo enfrente lo vi al viejo y un momento después me percaté que la mujer y la hija estaban un poco más adelante, bajo un portal: era la entrada al cementerio municipal.

Crucé como les había contado y caminé detrás de ellos. Entraron en la oficina de Administración y revisaron el libro de asientos (es decir, el libro de asistencia de los fiambres, con su ubicación). Cuando un rato más tarde pude revisar el libro le saqué la foto que ven.

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Una crónica compulsiva y no autorizada de la vida de mis nuevos vecinos

Este blog solamente un poquito tendencioso lo escribe un chico solamente un poquito neurótico que no se lleva demasiado con quienes lo rodean. Tal vez debería buscar alguna otra cosa para hacer. Si tan sólo curiosear fuera un poco menos interesante. Ay.

este blog empezó el 8 de febrero, si llegás recién ahora

esto es lo que pasó en

si querés buscar algo en el blog

Mil gracias a:

(cronológicamente) María Inés, Andre, Rolan, Valeria, Gerardo, María, María P., Adriana, Javi y a Vero, claro.

en buenos aires

¿Cuánto confiás en tus vecinos?
Muchísimo: La/o invitaría de camarógrafo de mi video porno casero.
Bastante: Le dejaría la llave para regar las plantas.
Algo: Me trajo brownies, los acepté pero se los di al gato.
Poco: No le prestaría ni la revista del cable.
Nada: Corro cuando los veo.
Ns/Nc: Err... ¿qué es un video porno casero?
  
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Se dijo que

"We make our friends; we make our enemies; but God makes our next door neighbour" Gilbert K. Chesterton

La mirada intrusa

(algunos reportes especiales fuera de estas cuatro paredes)

vistazos desde un taxi

observando de lejos

curioseos urbanos

hurgando en el pasado

Nightwatch

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